Tres galletas me
acompañan
son el sol de un amanecer en mi paladar
que las degusta,
no veo más
alrededor
sólo son voces que daña mi audición.
Voces rotas que
se estrellan en el silencio
y lo desaparecen volviéndolo la tijera del olvido
que corta una realidad que no se puede digerir,
aún escucho tu voz
desbastando mis oídos incrustada en mi
mente.
Mis tres galletas caminan alrededor de mi,
ellas sudan grasa, yo sudo sangre
al final de todo es igual,
tus ojos grandes
siguen viendo sin verme,
eres sorda, eres muda y ciega a mis versos.
Mis ojos se
cierran y se abren
sólo quiero solar mis galletas,
brillan en mi mesa,
tus ojos lo hacen en una
dimensión
en la que no creo estar.
Ya estoy harto,
sólo pretendo sacar la fuerza que no tengo,
gritar al mundo lo que te amo,
sólo
quiero desangrar tus rojos labios,
perderme contigo en el viento,
en el tiempo
donde no existe nada,
ya no quiero escuchar ni pensar,
sólo quiero ser viento,
ser aire y llevarte en mis brazos
a los tejados más altos del mundo.
Un lugar para ver las estrellas
y oscurecer el
día y abrazarte
con el ímpetu de la luna,
amarrarme a tus caderas,
tocar tu rostro
con mis sucias y frías manos,
besarte lentamente,
apoderarme de tu alma y
después morir.
Morir lentamente como un gato,
resucitar entre
los cadáveres
de esperanzas y pensamientos,
para vivir de nuevo sólo en
momentos.
Levantar mis
orejas lentamente,
olfatear tu perfume,
seguir tu rastro,
mientras persiste la
guerra del vivir,
viendo la muerte caer a mi alrededor,
cubriendo mi cuerpo y
seguir peleando
para perder los miedos,
mientras las balas retumban
y rebotan de
pared en pared,
tan sólo quiero soñar más,
tal vez todo pase,
tal vez no,
tal
vez sólo tenga una ilusión y mis tres galletas.