Hiram Sánchez
Y aquí estoy
con otra taza de café
esperando que llegues...
Sólo cuatro tazas de café:
la primera es la espera,
el tiempo de retardo es el justo-pensé.
La segunda es por la desesperación,
te veo llegar entre tanta gente pero
sólo es una alucinación,
miro a mi alrededor y sigo aquí
solo, esperándote.
La tercera es por la desilusión,
me lamento e intento crear las palabras
perfectas para despreciarte,
que inmaduro- me dije.
Después de los últimos sorbos
contengo el llanto, el desprecio,
mi enojo, mi desilusión...
De pronto llegó allí sin pensarlo
la mujer perfecta,
te sientas en la mesa de a lado,
veo el libro que te acompaña:
El segundo sexo, el autor lo supe después...
Me miraste, me sonreíste tal vez viste mi soledad
como yo la tuya, me acercaré-pensé,
después de dudarlo y convencerme de ello
me acerqué, ¿puedo acompañarte?- te dije
claro adelante- contestaste.
Su nombre es tan perfecto para una mujer perfecta;
Sofía, sabiduría, ¡vaya! que más puedo esperar-divagué.
Divagamos en una platica profunda,
un café nos acompañó
sólo eso bastó para que seas la musa
de este loco intento de poeta,
sólo un café para empezar...