Te escribiré,
aunque sigilosamente
y lo más
seguro es que lo publique en mi blog,
soy un caminante un poeta andante
en los
vastos caminos del amor.
Mi dulcinea
del toboso,
su noble caballero andante,
que de loco
no lo bajan,
peleara con los molinos de viento
creyendo que son gigantes
y
probablemente lo sean,
aunque la
realidad cognitiva
de los otros
no sea semejante,
ire de ambulante
en busca
del amor de aquella doncella
que por
dulce amor refleja
la aventura
de una historia fascinante.
¡Oh! sancho
panza cabalgante,
en su burrito que a paso lento,
cuidar la
espalda y la razón alucinante,
de su amigo y conmovedor acompañante,
entre
veredas de circunstancias reconforta
la locura, que en la estela de las huellas
va dejando a ciencia cierta la razonable
convicción, de su larga búsqueda
y paciente
espera.
Ya me fui
para la luna y es que realmente
del cielo no
me bajan, a no ser
que en la trágica y conmovedora bruma,
entre
tormentas y las radiantes
luces
parpadeantes, con sus truenos
en un
instante me conduzcan a la tierra.
Pero si caigo
me gustaría que fuera ,
entre los
brazos de una muy mañosa
e
inteligente enfermera, que por nombre
sin igual ella lleva los apelativos que conmueven
a mi tierra y que a la madre de Dios
entre
razones culturales nos recuerda,
que es la
mujer que en la larga espera,
nos hace reconocernos hijos de un padre,
que en el cielo nos aguarda y que por ella
misma
entre rosales,
nuestra oración a su hijo entrega.
Para este
tiempo ya abran dado con su nombre
y es claro saber que es ella, tan linda y frágil
entre
circunstancias nuevas, sus miedo, sus anhelos
una
esperanza nueva, que entre las vivencias
de un
bandido soñador aventurero, le da confianza
para indagar
entre su mirada tan profunda y bella,
revivirlo de un largo y profundo sueño y darle
un motivo
a su lucha constante en su andar por esta
tierra
con la
mirada siempre puesta en las estrellas.
E.E