miércoles, 10 de junio de 2020

Nocturno

Gregory Quiñones 
palabras para un colibrí 

Si la describo con metáforas, 
acabaría 
con la materia prima de quienes necesitan llorar sin llanto,
 reír sin carcajadas,  
morir sin putrefacción, 
matar sin condena; 
de los que necesitan amar  sin sufrir.
Si la describo con metáforas ,
el vuelo del colibrí dejaría de ser estático. 

Así como el colibrí 
se alimenta de los floripondios, 
quiero creer que ella se alimenta de mí, 
que me succiona cada pensamiento... perno no. 

Etérea y distante, 
pero tan cerca y tangible… 
 pues su voz y la mía dialogan autónomas…
 su voz rechaza a la mía, 
pero no se rinde;
 insiste y la persigue. 
Allí va, de
 forma casi inútil, detrás de su vuelo
tropezando. 

 Leo libros de astronomía prehispánica 
 pera inventarme supersticiones,
 leyendas de amores lejanos 
con finales felices, para inventar historias, 
irrisorias, pero son artículos de superveniencia 
en la isla de la indiferencia. 

Consulto con el viejo Rito, 
para meditar el fracaso,
 que es inminente,  
pero el fracaso y los tiempos difíciles,
 son el alimento del revolucionario.

Podría describir  mi fracaso en distancia,
 tiempo, edad; hasta fealdad. 

La geografía es un requinto complejo. 
Ella: 
una historia versátil.
 Desvelo, 
nocturno dolor,
platónico anhelo de cercanía 
y contraste con la muerte, 
que me amenaza,
acosa, tortura, pero no me asesina.
es el objetivo de esta guerra de palabras…
firmar la paz con la vida. 

Holocausto de ilusiones,
miradas guillotinadas, 
patíbulo de palabras
es alimento de este colibrí,
es tan noble, que deja intactos alcatraces,
rosas, aún así 
ella es el consuelo en  este túmulo 
que sepulta hasta mi voz