Gregory Quiñones
No lo esperábamos, nadie pensaba en ello.
Comenzó la tendencia, si mi memoria no falla, por ahí de febrero.
¿A qué se debe? Viene del murciélago, me dicen.
“Es solo una gripe, como cualquier otra”,
“Es menos agresiva que la influenza, se lleva a las personas que no tienen buena salud o a los ancianos. El sarampión, la viruela y el dengue también matan personas.
En China hay poco más de mil cuatrocientos millones de habitantes, la tasa de mortalidad es muy baja… no pasa nada.”
Comenzó la cuchufleta, que el coronavirus lo curamos con limón y ajo,
que los atletas no nos enfermamos de esa cosa llamada Covid, que es un invento con trasfondo geopolítico.
Sea lo que sea, si está matando gente.
Quedémonos en casa y salgamos por lo estrictamente necesario con las medidas preventivas correspondientes, nos dicen.
Yo culpo al neoliberalismo, que nos despojó de todo, que saquea nuestras naciones en América Latina, la riqueza nacional que permanece en manos de unos cuantos.
“No salir de casa significa para muchos no probar bocado, ni siquiera para saciar el hambre, la situación es mala y lo que se saca, son migajas para engañar al estómago”, me dice don Agustín (El señor de los raspados).
Mueren dos conocidos por el Covid y el temor de que mi madre, mi hermano, Arturo, Pedro, Rito, “Poncho”, Camilo o Cristian, sean alcanzados por el virus es cada vez más mayor. No temo por mí, Uno de los requisitos para ejercer mi oficio, es no tener miedo a la muerte, pero justamente ser aficionado a la dignidad y a la justicia, me hace devoto del bienestar de los demás.
Rezo el rosario cada noche.
Los días martes y viernes, que son los misterios dolorosos, me llevan a la semántica de la desgracia global que en estos momentos, ya desmenuzó casi todos mis temores, ya conté más de una pandemia.
El Covid, la pobreza, la violencia, la derecha y la estupidez. Me hacen experimentar muchas nostalgias, y la melancolía también toma formas diferentes, no dejo de pensar en mi otra patria; Argentina. Me hace suspirar, se me inundan los párpados y sollozo involuntariamente cuando pienso en Agustín, en Figallo y en Nahuel formando la primera línea del scrum.
La memoria auditiva en estos momentos oprime mi pecho, me lacera, escuchar en mi cabeza al “Negro” Coccia, decir su “Aaaaaaaadentro, mi alma” y el prolífero lenguaje de “Tomi” de Vedia acompañado de su erudición en el rugby.
Caminar sobre Rivadavia, y comer un alfarjor en “Cielos Pampeanos” que seguramente también cerró por la contingencia, todo contingencia.
¿Qué habría sucedido, si esto hubiese pasado en tiempos de Piazzolla? Eso se volvieron estos días; un tango.
Un Sábado por la noche, donde no peleará Loche en le Luna Park.
Que el invierno no nos olvide y que traiga consigo el primer triunfo contra los All Blacks, porque tenemos que consolarnos de una u otra forma por la Derrota de Pichot.
Cae una tarde más y en Oaxaca el panorama parece haber sido pintado por Brueghel.
Otros que hacen de la desgracia un chascarrillo.
Aristóteles y Bolaño proponen que la Tragedia y la Comedia tienen los mismos ritmos; la misma medida. El reír con el riesgo, es también uno de los elementos que eslabona la cosmovisión mexicana.
Me encanta esa parte de México, ese México arcano que florece en Oaxaca, Chiapas y Guerrero, por mencionar a grandes rasgos el México Profundo, donde la desgracia, no resulta tan aterradora,
es decir, no podemos sustraernos a la tragicomedia. Ni la desgracia tiene cabida en lo solemne.
Donde la muerte se desnuda de su sacralidad y la posibilidad del óbito nos resulta propia.
Este arquetipo es un arma de doble filo, por una parte es auxiliar en la psicosis colectiva, por otro lado, le resta la seriedad que se requiere en una pandemia.
Es válido llorar, pero también es válido anhelar el día en que los abrazos sean permitidos, en que las asambleas se vean grandes, en que podamos salir a marchar nuevamente, en que podamos tomar las oficinas sin que resulten contraproducentes nuestras movilizaciones.
Por primera vez, quiero adaptarme a lo convencional y quiero que esta historia tenga un desenlace Feliz.
¡Que viva la Vida!
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