A un Colibrí que habita el mar
¿Escuchas al albatros y a la fragata?
Hacen un eco de lo que dices
lo repiten a perpetuidad,
en este manto diáfano,
de la vida, donde se tatúan
emociones, donde
las lágrimas de lo infinito
tictakéan con torpeza
los segundos que construyen una vida.
Se confunden con el fondo
si te ven de frente,
huyen y despavoridos,
confunden el oleaje
bravo con tu cabello suelto.
Las miradas
que no clavo en tus caderas,
naufragan sobre tu piel,
que es el manto pintado de noche.
Tus hombros:
son la orilla que el sediento
anhela alcanzar para aliviar su sed
(En algún oasis de la orilla)
Tu voz, es el zumbido ronco.
El zumbido que ni Gonzalo ni Huidobro
Pudieron traducirme. Si me hundo…
deja que me ahogue.
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